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Hacia una educación más humanista

Este momento tan especial que vivimos el día de hoy, merece una reflexión serena que nos ayude a comprender la situación, teniendo una mirada proactiva, de acción y renovación del quehacer educativo, comprendiendo el impacto que es para la educación en general, para los padres de familia, para las alumnas y los profesionales de la educación.

El Papa Francisco dijo, “Dios perdona siempre, nosotros de vez en cuando y la naturaleza nunca. La naturaleza está suplicando para que nos hagamos cargo de su cuidado”. Y es evidente que esta crisis de sufrimiento, de aislamiento, casi de cambio de era, puede ser uno de esos signos que nos envía a ver si esta vez, le prestamos atención, y es, desde luego, una magnífica oportunidad de abandonar el “yo” y sustituirlo por el “nosotros”, nos dice el Dr. José Ramón Calvo y Dra. Cecilia Kindelán de la Real Academia Europea de Doctores.

La presente epidemia/pandemia nos puede hacer replantear el porqué y el para qué vivimos y educamos. No estamos sobre este mundo indefinidamente, sino que disponemos de un tiempo limitado de prueba y de adquisición de méritos. Nos podemos preguntar: ¿Qué reflexiones nos entrega esta situación? ¿Cuáles son ahora nuestros anhelos y deseos?

Siendo maestra, en nuestra institución ya teníamos todo el proyecto educativo definido para el 2020 y nos sentíamos, luego de capacitaciones, reuniones, y proyectos por realizar, en una palabra, ya organizado, nuestro año escolar.

Esta pandemia, nos tomó de manera inesperada. De un día a otro tuvimos que replantear nuestras estrategias y entre toda la comunidad educativa, profesores, administrativos, con una celeridad extenuante de la que podemos sentirnos orgullosos, nos hemos familiarizado aún más, con las plataformas y los instrumentos digitales. Sabíamos desde el primer momento nuestra gran responsabilidad profesional, nuestro compromiso con nuestras alumnas y los padres de familia. Un reto inmenso al tener nuestro colegio, no solo una excelencia académica, sino, una distinción muy especial, que hace nuestra diferencia; una educación centrada en la persona.

La pregunta que nos hacíamos: ¿Qué hacer ante esta situación?

Sabemos que la educación atraviesa una situación atípica. Nuestro mundo y entorno también lo vive. Llegamos a la conclusión que situaciones extraordinarias nos obligan a buscar respuestas extraordinarias. Impensables hace poco tiempo. Aparecen nuevas oportunidades. Es necesario poder pensarlas.

Sobre la base de nuevas y creativas propuestas de enseñanza a distancia, tanto de competencias como de habilidades de pensamiento por desarrollar, de momentos de distracción, de cuidar el aspecto físico, estaba lo más importante: La formación y acompañamiento para cada uno de nuestros alumnos y sus padres.

Hoy la educación nos pide una manera distinta de enfocarlo, es reafirmar una educación más humanista, donde estén por delante las ideas y llevarlas a cabo. Tenemos la oportunidad de “trabajar sobre el sentido profundo de la sociedad que queremos constituir, incluso en las diversas formas de la virtualidad obligada”, nos dice Mariano Molina.

Es tiempo de la flexibidad, ya no de la norma rígida, no es tiempo de las reglas asfixiantes. O de cuánta nota tengo, o del promedio para aprobar o desaprobar. Se puede compartir también conocimientos y formación sin estructuras formales. Todo ello dentro del marco de virtualidad que nadie planificó ni eligió. Sin embargo, esto no significa realizarlo de cualquier manera, la exigencia, la propuesta del trabajo bien hecho, están siempre presentes.

La propuesta humanista ha venido a instalarse en la educación, pensemos: ¿Es tan importante la nota? ¿Para quién? ¿Es fundamental cumplir con todos los temas este año? ¿Las vivencias y aprendizajes en casa, con los padres, con los hermanos, no son aprendizajes para la vida? ¿No son la solidaridad, la autonomía, la resiliencia, la empatía, la laboriosidad, el trabajo de equipo, competencias del siglo XXI? Todo ello lo podemos vivir y aprender también desde casa.

En nuestra institución, el compromiso y alianza con los padres no son de unos meses, son de catorce y en el mejor de los casos, de once años. En la virtualidad de hoy construimos la presencialidad del mañana.

El tema de fondo es otro. Nos preguntamos hoy ¿qué mueve nuestra acción pedagógica? ¿Qué queremos construir con estas estrategias y modos de aprendizaje? ¿Estamos siendo lo suficientemente atractivos en casa y en las propuestas de aprendizaje para formar personas con principios y valores sólidos? ¿Qué tipo de ciudadanos queremos tener? La educación, hoy, en medio de la distancia puede ser profundamente egoísta e individualista o puede ser solidaria y empática.

Debemos trabajar sobre el sentido profundo de construir sobre la base de principios y valores, la sociedad en la que queremos vivir.

Estamos en un nuevo cambio, en un momento importante para la educación. Tenemos nuevos desafíos que enfrentar, nuevas preguntas que realizar, nuevos aprendizajes que impartir y nuevas indagaciones que acometer. No tenemos respuestas para todo, las vamos construyendo en el camino. Sin preguntas no hay acción pedagógica.

Los vínculos se desarrollan en el tiempo a partir de la confianza, del cariño, de la comprensión, de la apertura.

Los maestros estamos trabajando mucho más de lo que habitualmente se trabajaba y hacemos el mayor esfuerzo posible. Las actuales condiciones son difíciles, nada fáciles.

No tengamos respuestas conservadoras a situaciones excepcionales. Las respuestas no están en las pruebas censales, ni en las pruebas PISA, ni en el orden de méritos, ni en los títulos. Ni estamos en una pausa para volver a una normalidad.

La construcción de una educación con diversos recursos pedagógicos también se juega en estas horas. Necesitamos construir una educación más comprometida con el destino global, desarrollando fortaleza para desafiar las dificultades, con capacidad de empatía para pensar en el bien común. Es el esfuerzo de toda la comunidad educativa, padres, alumnos y profesores, que surge una educación más humanista donde se incluyan todos los saberes, sin distinciones. Donde podamos otear un futuro más amable, solidario, respetuoso con principios y valores sólidos, donde podamos desarrollar y reafirmar nuestra fe profunda en Dios.

Para reafirmar nuestra postura, vayamos al pensamiento de quien inspiró nuestros colegios (Alpamayo y Salcantay), San Josemaría Escrivá de Balaguer, que pudo comprender desde su tiempo que solo a través de una educación que forme a los hombres en libertad, responsabilidad, amor, solidaridad, servicio, etc. se puede evitar la destrucción y la infelicidad.

 

Silvia Valderrama de Garvan
Asesora de Ciencias Humanas
DIR
Colegio Salcantay

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